Guillermo Yáñez C.
Todos hemos estado
pendientes de las persistentes alzas en el precio del petróleo y los recientes
efectos sobre el tipo de cambio de la caída en la tasa de interés. Creemos
intuitivamente que estos hechos tendrían un efecto sobre la inflación pero
¿serán significativos? ¿afectan nuestra renta? ¿cómo?
El precio del petróleo ya se encuentra escalando por sobre los US$ 37 por
barril, en tanto, se estima que un precio cercano a una situación competitiva
(por lo demás tranquilizadora) estaría en torno a los US$ 25 por barril. Este
fenómeno que afecta a uno de los principales insumos de la economía, debiera
presentar un efecto importante sobre el IPC (Indice de Precios al Consumidor),
por cuánto tiene una especial incidencia en el costo del transporte. No en
vano, el último IPC de Agosto de 0,3% tuvo una negativa incidencia de este
rubro, en tanto que afortunadamente (para la inflación), la demanda interna
permanece baja (especialmente consumo e inversión), lo que evitó que la
inflación fuese superior a las cifras que ya conocemos.
Sin embargo, nos enfrentamos a otro fenómeno que es la escalada del tipo de
cambio pesos-dólar, en que el precio de la divisa (el dólar) ya estaría
cercano a los $ 570. Esta alza en el tipo de cambio se debería a varios efectos
(sin descartar las expectativas) siendo el más significativo la caída en la
tasa de interés decretada por el Banco Central (de un 5,5% a un 5,0%) que
habría gatillado una demanda adicional por dólares, ante el diferencial de
tasas que se habría generado con Estados Unidos y la Unión Europea (en
artículos sucesivos, nos referiremos a las razones que generan este efecto). El
lector ya podrá intuir entonces, que un dólar más alto hace más caros los
productos importados. Por ejemplo, si usted desea adquirir un computador y el
vendedor le señala que el precio de este artículo es de US$ 1.000; Es muy
distinto que usted considere un tipo cambio relativamente bajo, digamos $540, de
manera que el computador tendría un costo de $540.000 respecto a si el tipo de
cambio se situara en los $570, elevando el costo a $ 570.000.
Considere ahora que si la inflación se eleva por los motivos anteriores o
cualquier otro y su renta nominal permanece constante, usted podrá percibir
fácilmente que se ha empobrecido. Por ejemplo, suponga que su canasta de
consumo involucra sólo transporte en microbus y el precio del pasaje hoy es de
$ 270, en tanto que su renta nominal mensual asciende a $ 270.000, usted podrá
realizar 1.000 viajes en el mes (recuerde que su verdadera riqueza es el
equivalente en bienes que usted puede consumir). Ahora bien, considere que
mañana el precio del pasaje de micro se eleva a $ 280, pero su renta sigue
siendo de $ 270.000, sus viajes mensuales se reducirían a 964 (de más está
decir que nadie soportaría tanto viaje, pero esto es sólo un ejemplo), con lo
cuál, su renta real sería menor, dicho de otra manera, usted es más pobre que
antes. Es evidente entonces, que la inflación lo afecta en tanto su renta no
cambie al ritmo de esta (en caso contrario, diríamos que su renta está
indexada como es el caso de quienes perciben una remuneración en UF).
Supongamos ahora que usted efectúa un depósito a plazo por $ 500.000 a 30
días y el Banco Comercial le informa que la tasa de interés por el período es
de 0,5%. Considere además que espera una variación del IPC para el mes de
0,2%, de manera que su interés real ascendería a aproximadamente 0,3% (la
diferencia). Pues bien, suponga que una vez que pasa el mes, la variación de
IPC finalmente fue de 0,6%, de manera que usted pierde aproximadamente 0,1%.
¿Era eso lo que esperaba? Evidentemente que no. Este fenómeno es el que se
denomina "redistribución de riqueza no equitativa", es decir, cuando
en este caso, usted esperaba una ganancia real de 0,3% y terminó regalándole
0,1% al Banco. Este es precisamente otro costo que usted potencialmente puede
asumir producto de la inflación.
Este último costo sería también válido para activos de renta variable como
son las acciones, de modo que no es un fenómeno exclusivo de instrumentos de
renta fija como es el depósito a plazo del ejemplo, bonos o fondos mutuos (de
renta fija), entre otros. Le sugiero pensar en un ejemplo para otro tipo de
activo financiero.
Finalmente, existe un costo posible de la inflación que puede generar algo de
controversia. Se trata de la posibilidad que tiene la autoridad de camuflar un
pago de impuestos con mayor inflación. Por cierto, personalmente, descarto que
esta sea una práctica empleada por nuestras autoridades económicas pero de
todos modos estimo interesante de considerar. Un gobierno puede elevar su gasto,
aún cuándo no exista la posibilidad de producir lo suficiente para satisfacer
esta demanda, lo que presionaría al alza los precios. Otra forma de ver este
fenómeno es considerar que una autoridad económica puede incrementar su gasto
emitiendo más dinero, lo que provocaría una inmediata deuda con nosotros y
mayores precios de nuestros bienes (imagínese fabricar más billetes pero con
la misma cantidad de bienes, es decir, sólo resta elevar los precios). El
efecto de esta medida sería pagar (mediante mayores precios de los bienes de
consumo) el mayor gasto fiscal sin necesidad de recurrir a un engorroso proyecto
de Ley para elevar los impuestos. Al analizar lo anterior, se puede entender la
importancia de la austeridad fiscal (bajo gasto) que ha caracterizado a nuestro
país en los últimos años. Durante la década de los '60, fue muy común en
Latinoamérica observar este tipo de práctica, lo que fue muy criticado por
organismos tales como el Fondo Monetario Internacional.
Afortunadamente, hoy todos comprendemos la importancia de mantener un adecuado
control inflacionario. No obstante, la actual coyuntura económica plantea
algunas interrogantes en materia de inflación que deben preocupar especialmente
al Banco Central de Chile, Institución que tiene como principal misión el
control de esta variable macroeconómica fundamental.