Guillermo Yáñez C.
En general en el mundo, los países parecieran estar buscando cada vez mayor apertura económica y un mayor flujo de intercambio de bienes. Nuestro país no es la excepción y ya se inician las conversaciones simultáneas para la firma de tratados comerciales con Estados Unidos y MERCOSUR, además de los ya existentes. Surge a partir de lo anterior, la siguiente interrogante: ¿Es realmente el comercio internacional beneficioso para todos los países? A continuación trataremos de dar respuesta a esta importante pregunta.
Durante gran parte de la década de los noventa, nuestro país se ha abocado a la liberalización de nuestros mercados en torno a acuerdos de libre comercio con naciones y bloques comerciales de todo el mundo. Entre los bloques con los cuáles Chile ha mostrado especial interés en suscribir acuerdos, se destacan ALADI y MERCOSUR por Sudamérica; APEC por el bloque Pacífico; NAFTA por Norteamérica y finalmente, la Unión Europea. Por otra parte, nuestro país también ha suscrito acuerdos individuales con países tales como Canadá y México, a lo que ahora podría sumarse Estados Unidos, con lo cuál quedaría completo el NAFTA.
No obstante, el posible acuerdo con el país del norte no ha estado ausente de controversia, por cuánto los países integrantes de MERCOSUR han considerado incompatibles las negociaciones de Chile con Estados Unidos y el potencial ingreso de nuestro país como miembro activo del bloque del cono sur.
A pesar de ello, todo indica que las negociaciones simultáneas con ambos bloques se iniciarían sin mayor contratiempo.
La pregunta ahora es: ¿Por qué nuestro país ha presentado durante toda la
década de los noventa hasta la fecha tal interés en contar con este tipo de
acuerdos comerciales? La razón es elocuente. El comercio internacional es
beneficioso para todos, independiente de las ventajas aparentes o reales que
pueda presentar un país en la producción de algunos bienes respecto a otros
países.
Para comprender lo anterior, comencemos señalando que algunos de ustedes
podrían creer que el comercio internacional es sólo beneficioso para quien
presente una ventaja absoluta en la producción de bienes y servicios e
inconveniente para quien no tenga dicha ventaja. Lo cierto, estimado(a)
lector(a) es que si alguno de ustedes cree que realmente es así como funciona
esto, lamento informarles que esas ideas tradicionales mercantilistas han sido
desechadas de raíz a partir del siglo XIX. Un economista Inglés, David
Ricardo, formuló una interesante y fácil de comprobar teoría acerca de los
beneficios del comercio internacional. Refirámonos entonces a estos hallazgos.
La idea fundamental está puesta en el hecho de que todo lo que hacemos tiene un costo alternativo, esto es, por ejemplo si usted destina tiempo a leer este artículo es porque no puede simultáneamente jugar un partido de tenis o asistir a una exposición de arte. El hecho es que el costo alternativo consiste en todo aquello a lo que usted renuncia por realizar una actividad. La gracia por supuesto es que la actividad que usted realiza sea más beneficiosa que lo que sacrifica por realizarla.
Apliquemos este concepto a la producción que un país puede alcanzar en un día, suponiendo que existen sólo dos bienes (digamos manzanas y vino), que el costo alternativo de producir un bien es siempre el mismo (constante) y puede ser expresado en términos de cuánto se sacrifica de un bien por producir el otro, De esta forma, suponga que Chile puede producir únicamente manzanas o vino y que la producción diaria con todos los recursos de la economía destinados a cada producto podría ser de 40 cajones de manzana o 30 litros de vino. Pensemos ahora que existe otra economía (llamémosla Abundancia) con la que podríamos intercambiar bienes (manzanas o vino) y que esta logra producir 60 cajones de manzanas en un día o 40 litros de vino. Lo primero que se nos viene a la mente es ¿qué interés puede tener esta economía en intercambiar bienes con nosotros si produce mayor cantidad en un día de ambos bienes (es más productiva)? Recuerde estimado(a) lector(a) que una economía tiene recursos limitados y se enfrenta a un costo alternativo, es decir, esta economía prodigiosa que hemos llamado Abundancia no podría producir 60 cajones de manzana y 40 litros de vino en un día simultáneamente. La misma restricción es aplicable a Chile, es decir, si sabemos el máximo que se puede producir con los insumos disponibles, significa que se puede sacrificar parte de la producción de un bien para producir el otro pero no se pueden producir ambos bienes como si toda la capacidad productiva estuviese destinada a cada uno de ellos.
Por este motivo, tanto Abundancia como Chile tendrían interés en intercambiar bienes. Veamos el razonamiento para esto. El costo alternativo de esta economía de producir un litro de vino es de 3/2 cajones de manzanas (60/40), en tanto que Chile puede producir vino a un costo de 4/3 cajones de manzana (40/30). Así, es fácil comprobar que Chile produce vino a un menor costo relativo que Abundancia y agregamos aquello de "relativo" dado que es medir la producción de vino en relación a manzanas, comparando ambas economía.
¿Adivina la respuesta? Efectivamente, Chile debería dedicarse a producir vino y Abundancia debiera destinar sus recursos a la producción de manzanas. Veamos por qué: En un día, la producción total mundial de vino alcanzaría 30 litros y la producción de manzanas 60 cajones. A Abundancia claramente le conviene puesto que tiene un costo de producir vino de 3/2 cajones de manzana, en tanto que Chile puede proporcionarle vino a un menor precio siendo que su costo es menor (4/3). Dejo al lector(a) comprobar que también Chile se ve favorecido por la posibilidad de intercambio.
De acuerdo a este modelo, la clave estaría en la especialización en aquel bien en que una economía presenta ventajas comparativas respecto a sus socios comerciales. Con este pequeño ejemplo, le podrá quedar claro por qué si Estados Unidos es uno de los principales productores de cobre del mundo, de todos modos adquiere cobre a Chile o bien por qué si existe producción ganadera en Chile, preferimos la carne de Paraguay o Argentina.
No hay dudas acerca de la conveniencia para todas las economías del mundo del intercambio comercial. No obstante, lo que podría producir controversia es el hecho de que la producción local de bienes sobre los que no existe ventaja comparativa debería tender a desaparecer, lo que traería como consecuencia desempleo en las áreas afectadas hasta que esta mano de obra pueda ser transferida hacia aquellos sectores en los que se es más productivo (donde sí hay ventajas comparativas).
Este es precisamente el costo del comercio internacional que hace que algunos
sectores se resistan al cambio. Piense entonces, en por qué Estados Unidos tuvo
que enfrentar tantas presiones de distintos sectores de su sociedad hace unos
años cuando Chile estaba a las puertas del NAFTA. Consideremos entonces que las
presentes negociaciones tampoco estarán exentas de opositores.
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