Análisis Técnico: ¿Una receta para ganar dinero?

 

Guillermo Yáñez C.   

Este método muy conocido en los mercados financieros que se refiere a la posibilidad de obtener ganancias con acciones dado que estas aparentemente seguirían un patrón de comportamiento cíclico definido, ha logrado atraer a numerosos inversionistas a lo largo de los años. No obstante, la posibilidad de que el análisis técnico funcione realmente carece de todo fundamento teórico y práctico. Entonces, ¿por qué aún hay analistas que persisten en su uso?

En artículos anteriores, me refería con bastante énfasis en la ausencia de recetas para obtener ganancias en los mercados financieros. Si fuese de otra forma, los académicos del área, inversionistas, estudiantes y todos aquellos que tengan formación financiera ya se encontrarían con los bolsillos llenos de dinero. Desgraciadamente ello no es así en la realidad (aunque estaría en los deseos del autor y tal vez de muchos de ustedes también). La razón es bastante simple. Pensemos que el precio de una acción debiera reflejar el verdadero valor que posee este mencionado activo financiero. Dicho valor estaría determinado por la capacidad de la empresa de generar utilidades futuras para sus accionistas. De esta manera, la información es un insumo fundamental en la formación de los precios de acciones. Si el mercado tiene información acerca de que la demanda por los productos de una empresa va a aumentar por alguna razón conocida y que ello permitiría mayores utilidades para los accionistas, no hay duda que el precio de la acción de esta empresa debiera subir. Si usted desea adquirir esta acción por la buena noticia que acaba de escuchar, ya estaría pagando un precio mayor dado que esa información ya estaría incorporada en el monto que debiera pagar por ser dueño(a) de esta acción. Es claro: No le puede ganar al mercado, es decir, obtener un precio menor en circunstancias que todos sabemos que la acción vale más.

Alguno(a) de ustedes ya estaría pensando en lo que ocurriría si algunos supiesen que las utilidades aumentarían pero la gran mayoría no. En dicho caso, claro que es posible que estos privilegiados (desde el punto de vista de la información) obtengan un precio de compra inferior al verdadero valor de la acción dado que el resto del mercado ignora la positiva noticia. Una vez que el mercado logra saber lo que estos reservados inversionistas sabían, el precio se corregiría al alza, traduciéndose en lo que denominamos una ganancia anormal para estos últimos.

Es importante saber que lo anterior representa una de las dos maneras posibles de ganar dinero. Se trata en este caso de redistribución de riqueza, es decir, obtener una ganancia quitándole riqueza a otros. Quien vendió la acción a bajo precio, podría haber obtenido un monto de dinero mayor si hubiese sabido que la acción era más valiosa que lo que obtuvo por ella. ¿Por qué unos debían saber eso y otros no? Esta es precisamente la interrogante que ha gatillado la necesidad de evitar el uso de información privilegiada de manera perversa dado que esto provocaría una redistribución de riqueza no deseada y, en consecuencia, un daño importante al mercado de capitales.

La segunda forma de ganar dinero requiere la generación de nueva riqueza, para lo cuál se debe dar inicio a una buena idea de negocio. Evidentemente, esta forma de ganar dinero puede resultar mucho más difícil que la primera.

Tras reflexionar sobre lo anterior, no vaya a creer usted que toda redistribución de riqueza debe involucrar una actividad poco honesta o incluso delictiva. Piense por ejemplo en el mercado de futuros. Aquel que tiene una posición ganadora, obtiene exactamente lo que pierde quien tenía la posición contraria. Lo importante es que en este tipo de mercados, todos conocían las reglas del juego y nadie resultó engañado.

Ahora bien, quedando claro que no es fácil ganarle al mercado y obtener ganancias con bajo esfuerzo, volvamos al análisis técnico que dio origen a esta discusión.

Esta metodología también llamada análisis chartista (del Inglés “chart” o gráfico) se basa en la creencia que los precios de las acciones seguirían patrones de comportamiento sistemáticos durante períodos de tiempo prolongados y que cualquier cambio en la tendencia sería detectado tarde o temprano por gráficos de seguimiento de los precios. Además, los patrones serían cíclicos, lo que permitiría anticiparlos. El gran supuesto sobre el cuál se sustenta toda esta creencia es que es posible usar información pasada o histórica para determinar los precios futuros. En contraposición a esta idea, podríamos fundamentar más bien que el mercado de capitales es eficiente, lo que sería consistente con todo lo mencionado anteriormente.

Es más, la evidencia teórica y empírica (lo que se ha observado en la realidad) es consistente con algún grado mayor o menor de eficiencia de mercado pero por alguna razón se insiste en el análisis técnico. Veamos por qué.

Si nosotros sabemos que la forma correcta de determinar el precio de una acción estaría dada por su capacidad de generar ingresos futuros para los accionistas, la pregunta sería: ¿con qué precisión podemos determinar dichos ingresos futuros?

Si realmente creemos que ello está fuera de nuestro alcance o por alguna situación coyuntural pensamos que es muy difícil determinar qué es verdadera información y qué resulta ser un rumor sin mayor fundamento (ruido de mercado), tal vez realizar un análisis técnico nos podría dar algunas luces respecto a si es el momento adecuado para comprar una acción o para venderla. No obstante, si el mercado es eficiente en algún grado, más vale olvidarse de hacerlo.

Para efectuar análisis técnico, se utilizan múltiples métodos tales como promedios móviles, gráficos de DOW, índice de Barron´s, entre otros. Si usted, estimado(a) lector(a), opta por utilizar alguno u otro de estos métodos para administrar un portfolio de acciones, le agradecería reflexionar y pensar detenidamente antes de tomar su decisión, especialmente si luego se verá en la obligación de proporcionar una explicación para justificar su posición. Espero que en ese momento sea sorprendentemente creativo(a).

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