¿Puede ser el Banco Central el motor de la reactivación?

Guillermo Yáñez

Académico e Investigador

Departamento de Economía y Finanzas

Universidad Diego Portales

Publicado: La Tercera 19 de Mayo de 2002.

 

En Abril de 2001, la tasa PDBC a 90 días alcanzó apenas un 4,39%, respecto a un 11,76%, a igual mes de 2000. Es más, en la última reunión de política monetaria, el Banco Central disminuyó la tasa de instancia monetaria a un mínimo histórico del 4,00% y algunos analistas aún creen que puede venir otro recorte en los próximos meses. Desde luego, los efectos deseados son un incremento significativo en los niveles de consumo e inversión privada, aprovechando el menor costo de crédito. No obstante, la demanda interna se encuentra en uno de sus puntos más bajos desde que se desató la crisis en 1998 y aún no hay signos claros de reactivación. ¿Qué puede andar mal?

Comencemos desde el principio y digamos que el objetivo principal del Banco Central es el control inflacionario. Con esa finalidad, puede regular la liquidez del sistema financiero (la cantidad de dinero circulante) y en consecuencia, puede determinar la tasa de interés a la que el mismo Banco Central y los bancos comerciales pueden obtener dinero. Dicho lo anterior, si alguna vez se creyó que se podía delegar en el Banco Central la tarea de reactivar la economía e incluso culparlo en caso de que ésta no llegase, ¿en qué estábamos pensando?

Es cierto que el Instituto emisor puede otorgar mayor liquidez al mercado y bajar las tasas de interés en un momento en que es propicia la inversión y el consumo, como una forma de apoyar un ciclo expansivo de la producción. No obstante, el actual momento justamente no es favorable para una expansión de la demanda agregada.

Por una parte, los niveles de desocupación laboral que exhibe nuestra economía pone ciertas dudas en materia de estabilidad del empleo, lo que no solamente ha generado consumidores más cautos al momento de endeudarse sino que también prestamistas más conservadores, al simplemente restringir el crédito o cobrar altas primas por riesgo a los demandantes de créditos de consumo. Por otro lado, el sector empresarial aún se encuentra intentando resolver los problemas de liquidez que se heredaron de los inicios de la crisis e intentan refinanciar sus pasivos a mejores tasas, antes de pensar siquiera en nuevos proyectos de inversión. Por lo demás, resultan escasos los buenos proyectos en una economía que aún no resuelve su salida a la actual coyuntura. Finalmente, el sistema financiero está colocando primas por riesgo muy altas sobre las empresas PYME, al observarse que estas presentan un riesgo superior al que se habría esperado hace algunos años atrás y por si fuera poco, los niveles de liquidez de los títulos de deuda de empresas chilenas tampoco son alentadores.

En síntesis, si el dinero circulando en la economía aumenta (producto de la política monetaria expansiva) pero ello no va acompañado de mayor actividad real, no se puede esperar que este sea un mecanismo determinante para la reactivación, sino que sólo gatillaría una mayor presión sobre los precios, generando inflación de manera innecesaria.

Por otro lado, las disminuciones de tasa han causado que el peso chileno se haya transformado en una moneda de bajo costo relativo lo que facilita las presiones especulativas en su contra. Desde luego, esto último encarece el financiamiento de empresas locales en los mercados internacionales al aumentar la volatilidad de los retornos en dólares de los inversionistas extranjeros.

Finalmente, los recortes de tasa escalonados presentes en los últimos meses, no han permitido dar una señal clara respecto a dónde se encuentra el piso de la tasa de instancia. La consecuencia directa de esto es que las empresas han tendido a postergar sus proyectos de inversión no sólo por las razones ya expuestas anteriormente sino que por encontrarse esperando de manera sistemática nuevas rebajas en la tasa de interés.

Una cosa queda clara y es que si queremos ver señales inequívocas de reactivación, ya sabemos que no es en las reuniones mensuales de política monetaria donde hay que buscarlas.

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