Lo que falta para reactivar la economía.

Guillermo Yáñez C.  

Muchos diagnósticos, opiniones, lamentos y consejos han surgido a partir de la recuperación económica que parece más lenta de lo esperado por todos. ¿Qué tan lenta es la recuperación? ¿Falta algo por hacer realmente? ¿Qué hemos aprendido de esta experiencia? Reflexionemos sobre esto...

 Mi ánimo en este artículo no es hacer un diagnóstico acabado acerca de la reactivación, sino sólo llegar a una conclusión que lamentablemente no he visto en otra publicación. Veamos de qué se trata.

 En primer lugar, cualquier período de bajo crecimiento ciertamente nos pone tensos y nerviosos a todos. La alta volatilidad que adquieren los activos financieros, las cifras poco alentadoras y otros factores que se respiran en el ambiente no son para menos. No obstante, lo recomendable es no perder la calma. Tras una crisis y, cuando la reactivación efectivamente comienza, los ánimos suelen estar bajos.

 Recordemos por ejemplo, la crisis de 1982. Luego de la caída de 14,1% del PIB en 1982 y 0,7% en 1983, el producto tuvo un repunte de 6,3% en 1984, para mantenerse en esos niveles hasta 1997. No obstante, en la primera mitad de los ´80, todavía existía una sensación de pesimismo en el país respecto a las tendencias de la economía y ya ven ustedes, era el inicio de un prolongado período de crecimiento. Por ello, resulta absolutamente natural que todavía persista una sensación de pesimismo hoy en la gente, respecto a la evolución de la economía luego de la crisis, a pesar de que el crecimiento para este año se estima en alrededor de un 5,3%.

 A pesar de que la crisis económica que ha enfrentado nuestro país entre 1998 y 2000 no es comparable con la crisis de 1982, en cuánto a magnitud y vulnerabilidad del sistema financiero; este último período de crisis resultó especialmente largo, lo que ha generado especial preocupación por las cifras de empleo, ya que hay personas que han permanecido demasiado tiempo sin encontrar trabajo, con las consecuencias sociales que esto acarrea.

 Algunos, han solicitado toda clase de medidas a las autoridades económicas para acelerar el proceso de recuperación, tales como reducciones impositivas, “perdonazos” de deuda para las empresas PYME, programas de empleo, reducciones de tasas de interés, entre otras. Algunas son atendibles, otras menos pero concentrémonos en distinguir dos cosas. Por una parte, existen medidas para revertir o suavizar el ciclo económico que es adverso, como es el caso de programas de empleo temporales, mayor gasto fiscal o reducciones de tasa de interés.  Pero, por otra parte, también resulta importante adoptar medidas para resolver los problemas estructurales (de largo plazo) que presenta nuestra economía post-crisis, tales como el proyecto de reforma laboral que ha causado bastante controversia.

 A pesar de que podríamos dedicar largos párrafos a distintas medidas de largo plazo que se podrían adoptar, hay un fenómeno estructural que me gustaría discutir ahora y es el que ha dado origen a este artículo. Se trata de la creación de nuevas empresas y nuevos proyectos emprendedores.

 Para que entendamos bien a qué me refiero, revisemos lo que ha sucedido con las escuelas de negocios en los últimos años en nuestro país. Hoy contamos con más de 66 Universidades y cerca de 400.000 estudiantes. La mayoría de estas Universidades imparte carreras de negocios tales como Ingeniería Comercial, Ingeniería Industrial o Contador Auditor. Es más, muchas de ellas hoy presentan buenos programas de MBA, que hace sólo algunos años atrás no existían. No obstante, la pregunta es: ¿Qué pasa con esta nueva clase empresarial chilena?

 Lo que observamos hoy es que los empresarios están esperando que la coyuntura macroeconómica les sea propicia. Culpan al gobierno por la lentitud de la recuperación, presionan al Banco Central para reducir las tasas de interés. ¿Para qué? ¿Para hacer más de lo mismo? Sinceramente me pregunto si todos los MBA chilenos y en general los egresados de negocios han comprendido cuál es su rol en la sociedad. Estimados lectores, las condiciones actuales son tremendamente propicias para hacer negocios. El costo del capital es bajo, las condiciones macroeconómicas son sólidas y la mano de obra a un costo tan bajo que era insospechado hacia mediados de la década pasada.

 Permítanme decirles que lo único que falta son buenas ideas de negocios, buenas readecuaciones estratégicas al nuevo escenario y restructuraciones exitosas. Pienso y seguiré pensando que esto es lo que significa ser un buen empresario. Ideas de negocios existen y están ahí para que las tomen. No esperen que alguien más tome la iniciativa por ustedes, este es el momento de actuar.

 El principal problema estructural de nuestra economía hoy es la escasez de creatividad empresarial y nuevas ideas. Creo que esto es lo único que falta para asegurar una reactivación exitosa y comenzar a generar nuevos empleos. No podemos esperar a que las empresas que tuvieron éxito en el pasado sigan siendo las empresas favoritas de hoy. Lo que necesitamos es que nuevos proyectos emprendedores se transformen en las favoritas del mañana. Estimados lectores, ahí están las fuentes de empleo y no en los programas del gobierno.

 

Insisto. ¿dónde están los numerosos MBA chilenos?

 

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