Guillermo Yáñez C.
En textos de estudio y Escuelas de Negocios, se enfatiza en señalar que una acción pertenece a los dueños de la empresa, en tanto que un bono constituye una obligación con terceros. La verdad es que este tipo de apreciación no es de gran ayuda a la hora de encontrar una definición exacta de estos activos y su diferencia esencial.
Antes de proponer una distinción básica entre bonos y acciones, conviene
señalar que ambos constituyen en esencia lo mismo, es decir, son activos
financieros (para quién es dueño de ellos).
Un activo financiero es tan simple como un derecho sobre uno o varios flujos de
dinero en el futuro. Por ejemplo, si usted posee un pedazo de papel que tiene
impreso "vale por $ 1.000 en un mes más" y usted supone que quien lo
escribió estaba hablando en serio, pues bien, tiene en sus manos un activo
financiero.
Veamos ahora el caso de un activo real y usted podrá apreciar que su diferencia no es significativa respecto a un activo financiero. Suponga que usted tiene un automóvil para usarlo como Taxi. Si usted cree que esta actividad es rentable, podrá considerar que en el futuro este automóvil le proporcionará ganancias o rentas. Tratará de estimarlas y dirá que el valor de su taxi está dado por todos los flujos (ingresos netos de costos) que cree recibirá en el futuro. Por favor, no vaya a creer que el valor de un activo real (como el taxi) es el monto que usted pagó por obtenerlo. Si fuese así, nunca sabríamos si pagamos un buen precio por él o no.
¿Qué diferencia tiene el taxi (activo real) con un pedazo de papel que dice pagar los mismos flujos futuros con el mismo riesgo (activo financiero)? La verdad es que no hay mayor diferencia, es más, usted pagaría probablemente lo mismo por el pedazo de papel o el taxi. El lector más avezado podrá creer que el activo real es más valioso porque acarrea consigo una opción implícita a encontrarle usos alternativos. Aunque esto último podría dar origen a un nuevo artículo, permítanme tan sólo dilucidar brevemente este planteamiento: Si usted tiene el pedazo de papel y por alguna razón ya no le gusta mucho lo que está impreso en él, no tendrá mayor oportunidad de cambiar lo que ahí está señalado (a menos que usted quiera prender fuego a una chimenea con el papel, en cuyo caso le sugiero estar muy seguro que eso le reporta más utilidad que quedarse con los flujos), en tanto que si posee el automóvil, finalmente podrá aburrirse de ser taxista y decide entonces recorrer nuestro país en él con fines turísticos.
Volviendo a los bonos y acciones, es claro que ambos son activos financieros por cuánto son un pedazo de papel que tienen impresos flujos futuros. Consideremos primero el caso del bono. Este activo tiene impreso un valor nominal que es el monto sobre el cuál se promete el pago de una determinada tasa de interés, que denominamos "tasa cupón". En consecuencia, su característica básica es que constituye una promesa de pagos futuros. Ahora bien, en el caso de las acciones, la verdad es que no tienen impresas promesas de pago sino que los flujos a los que nos referimos constituyen lo que denominamos "flujos residuales". En buenas cuentas, esto es: "Usted tiene un pedazo de papel que dice que una empresa va a vender algún producto en el futuro (si es que realmente vende algo), con esos ingresos paga todo lo que tenga que pagar (sus promesas de pago como sueldos, gastos, intereses de bono e impuestos) y, si queda algo, es suyo". ¡Vaya! En realidad sí hay una diferencia entre bonos y acciones. Resumamos: Los primeros constituyen promesas de pagos futuros, los segundos no constituyen promesas sino que son residuales.
Ahora bien, estimado lector, usted ya conoce la diferencia fundamental entre estos dos activos que pueden eventualmente encontrarse en su portfolio de inversiones. ¿Y eso es todo? Así es. Pero alguien le puede haber contado además que en el caso de los bonos, se promete también la devolución del principal (valor nominal), en tanto que para las acciones nunca se devuelve el capital (sólo se pagan dividendos). Lamentablemente, agregar esta distinción entre bonos y acciones conlleva la siguiente contradicción: ¿Qué ocurre con una emisión de bonos perpetuos? En un bono perpetuo, la idea es prometer el pago de un interés sobre el principal para siempre. Esto último no impide que el bono sea un bono, en tanto exista la promesa de pago, aunque por cierto, independiente de la posibilidad de que esta se cumpla o no.
De esto último, se desprende la idea de que normalmente ni los bonos ni las acciones son libres de riesgo. Este punto es fundamental, por cuánto resulta muy fácil confundirse y creer que dado que las acciones son residuales resultan riesgosas, en tanto que, como los bonos poseen promesas de pago no lo son. Considere entre otras cosas, la posibilidad de que la empresa sea insolvente y no pueda cumplir con su promesa de pago, o bien que la tasa de interés varía, haciendo más o menos atractivo el bono. El riesgo, estimado lector, está presente en cualquier activo que usted incorpore a su portfolio. La diferencia está dada por su grado o magnitud. Como los activos financieros se refieren a flujos futuros, nada en el futuro es seguro. Por favor recuerde eso.